Por Jorge A. Coll
Que es lo que puede asombrarnos a esta altura del partido. ¿Que haya jueces corruptos, que algunos policías concentren el delito en sus propias comisarías?
Dejemos en claro, que como en todas las cuevas de esta sociedad hay buenos y malos, hay malos políticos y otros que luchan por un país mejor, sin corrupción, ni componendas. Hay militares que hacen honor al uniforme que les dio la Nación y otros que están predispuestos para usar el mismo en su beneficio o como esbirros de los grupos de poder. Todo es igual en uniformados o civiles. En ricos o pobres, o cualquier clasificación que pretendamos establecer, hay buenos, regulares y malos.
Pero que en la justicia, y su brazo armado, la policía, hay focos infecciosos, no cabe la menor duda. Lo peor es que en actitud corporativa son más los pares que no denuncian a esos que desvalorizan su trabajo y hunden a todos por igual en el mismo lodo.
Hace un tiempo conversando con un señor mayor me confió que estaba tratando de conseguir juntar veinte mil pesos. ¿Para qué? Para pagar al juez que tenía la causa de un yerno detenido por pirata del asfalto. Ese era el valor establecido por su señoría por limpiarlo de dicha acción.
Este señor me aclaró también que su pariente no era la primera vez que se encontraba en esa situación, y que en otras oportunidades había arreglado en la comisaría o en el juzgado. También me contó que tienen una tarifa según el delito cometido.
No extraña nada esa situación si pensamos en lo que ocurre a diario con delincuentes que uno no se explica gracias a quien están sueltos. Violadores, Grassi inclusive, que condenado en primera y segunda instancia, está libre, no por la gracia de Dios, sino por la de un Juez o una Cámara.
Los asesinos del fotógrafo Cabezas, que fueron liberados de a uno hasta soltar a Prellezo, un deleznable sicario a sueldo, que en una actitud mafiosa mató a un inocente manchando el uniforme policial que le habían concedido.
Muy seguido esta sociedad ve como los poderosos se ríen de los que creemos que en este país hay justicia. Los jueces que se prestan a las chicanas judiciales de los grupos hegemónicos y les permiten alargar los tiempos de los castigos que se merecen. O un sector de jueces como en Mendoza que sueltan a los asesinos del proceso, estiran sus expedientes en interminables vericuetos.
En la cárcel no tienen que estar los ladrones de gallinas únicamente, deben estar los que defraudan al estado, no pagando impuestos, porque con eso también matan, por que el dinero que roban, al no pagar, hace falta para la salud, la educación y el alimento de otros seres humanos.
No son leyes más duras lo que faltan, lo necesario es que se apliquen bien y en tiempo, las que hay son suficientes. Que no se permita a los abogados sostener que lo hacen por la defensa que les corresponde a sus clientes y alarguen las causas con motivos y acciones desviatorias para permitir prolongar la libertad de los delincuentes.
No permitir a los jueces cajonear los expedientes. Darles tiempos prudenciales para expedirse y de lo contrario sino tienen motivos validos por las demoras, sancionarlos por su inacción, que siempre tienen olor a arreglo con los procesados.
A los policías que usan a los presos para que salgan a robar. O que forman gavillas con delincuentes sueltos y les dan zonas liberadas para luego repartir el botín, hay que caerles con más pena que a sus cómplices.
Si no limpiamos la justicia, si no ajustamos a los que deben hacerla cumplir o aplicarla, a que hagan lo que deben hacer, no tendremos nunca justicia. Los que no cumplan correctamente con sus obligaciones deben tener el doble de pena y por supuesto no permitir que puedan ocupar ningún cargo similar nunca más.